| El lugar del ausente |
|
|
|
| Escrito por Aracne | |
| jueves, 03 de diciembre de 2009 | |
|
Le bastan a MIGUEL VÁZQUEZ GARCÍA treinta y siete poemas, algunos de ellos muy breves, para convertir este libro en un bellísimo retablo de sensaciones, muchas de ellas asociadas a la separación amorosa, si bien esos amores es preciso entenderlos en un sentido muy amplio. ![]() Cada poema es como una cajita que abrimos, escapa una delicadísima fragancia, y la cerramos de nuevo como quien protege un tesoro. Pero, en realidad, esa precaución es inútil porque el aroma ya está dentro de nosotros, esparciendo su carga sin impedimentos e hiriéndonos irremediablemente merced a unas fórmulas sensoriales dosificadas por el autor con maestría de perfumista antiguo.
Hay en las páginas una mirada abierta y comprensiva, una observación del otro a ratos preocupada, a ratos fruiciosa, pero siempre mirada de vida y conocimiento. Mirada de compromiso y deleite. Mirada atenta que nos ayuda a entendernos. Acaso, en el fondo, mirada de diván; mirada en cierto modo enigmática, pero lenitiva… Mirada interior aunque nos llegue de fuera. Advertimos una luz muy hermosa impregnando todo el poemario. Una luz serena que a veces nos inocula una nostalgia en absoluto aborrecible. Y cuando los tonos se oscurecen más y aparece la tristeza, no es raro que brille por algún resquicio un poso de felicidad que regresa del pasado como una esperanza de redención. Y es que no son éstos unos poemas pensados para sufrir sino, probablemente, para huir con garantías de ciertas formas de aflicción. Si un denominador común podemos aislar a lo largo de todo el poemario, ése es la elegancia: una elegancia apacible y misteriosa, de resonancias sobrenaturales, capaz de transmutar los pasajes más comprometidos en un milagro de sublimada naturalidad. Para este autor no existen senderos prohibidos sino recursos para franquearlos envuelto en esa capa protectora de que a menudo saben proveerse los virtuosos de la sutilidad. En lo que atañe al aspecto formal, no faltan arbitrios técnicos en la arquitectura expresiva que este libro nos propone. Siempre me pareció prodigiosa la musicalidad que alienta en la obra poética de Miguel Vázquez, a veces amparándose en recetas tan inmemoriales como el hipérbaton, que el autor administra con una intuición envidiable. Tampoco renuncia a otras formulaciones clásicas como la aliteración y las enumeraciones, pero ello no le impide servirse de otros apoyos mucho más actuales, y algún ejemplo hay en el libro de prodigioso anacoluto o de libre e inteligente omisión de los signos de puntuar. No sería justo finalizar esta reseña sin referirse al atinado prólogo que Jesús Carlos Rodríguez le ha regalado al libro. Dicho queda y con eso nos ha de valer. JOSÉ VILLALBA Autor: Miguel Vázquez García Prólogo: Jesús Carlos Rodríguez Rodríguez Dibujo de portada: Benito Moreno. Cubierta impresa en papel verjurado crema. Páginas: 62 Tamaño: 155 x 105 mm ISBN: 978-84-8434-494-0 PVP: 7,80€ |
| < Anterior | Siguiente > |
|---|















