Novedad editorial .- Guarida PDF Imprimir E-Mail
Escrito por Aracne   

Portada de Guarida

 

LÚCIDAS DESINTEGRACIONES

BAJO LA LUZ DE GUARIDA


-1-

Sin enemigos, solamente somos la sombra piojosa de un enemigo sin sombra. (Cáscara sin fe; cárcava sin súplica). El poeta es el enemigo perpetuo, hedonista y necesario, y cuando publica sus poemas, sus guaridas de ampulosos leucocitos, sus sápidas espinas de colores erectos, todo cuanto le rodea colapsa (bendita maldición telúrica) y flotan desazones y pezones peliagudos van y estallan y por doquier el mundo se traga las orugas del delirio, y al instante te preguntas qué lectores, qué azotes fecundos entre la obra y el deseo, qué ojos, qué insignias, qué páginas, qué placeres o qué repugnancias, qué vanas costumbres de hervor y manteca, qué tercas esencias…

-2-

Publicas. El lugar, la duración, el impacto son simples fruslerías. ¿Padilla, Hinestrosa, Sevilla, Estío? Lo mismo da un establo, un palacio, un bunker, un mediodía que se muere de sucio, un armario repleto de mentecatos descalzos, un lupanar bullicioso de amor y viruela; yo seguiré escribiendo libremente, carne tras carne, fuego tras fuego, sin pausa, a pesar de los otros, a pesar de mí mismo. Publicas. Pero atención: hagas lo que hagas ellas no elogian, no emprenden candilejas, no prodigan prensa, radio, televisión ni silencio, no se quedan quietas, abundantes como dagas amarillas, torrenciales como cisnes preñados de viejas torturas: qué palabras, qué gemidos, qué hormigueos de qué sólida conciencia; sin más se electrizan voces, se desovillan pecados, se ceban a los animales de calavera intangible. Publicas. Tú sabrás lo que haces.


-3-

Trazar en la guarida la silueta de un hombre con la sangre clara de un buitre, arrancar a la musa uno a uno sus dientes morados y luego majarlos bajo el olor a prepucio de los días incautos, ser incapaz de explicar el más mínimo estambre del poemario que llora, solloza, gimotea sus primeras pupilas, sedientas, brutales, calientes, exactas, y agónicas.


-4-

El verdugo imposible lee mis poemas. Cenizas. Los dioses, los pastores megalómanos, los estoicos y subordinados, los infecundos domadores de alimañas leen mis poemas. ¿Comprenderán mi asfixia, el gélido fragor del tatuaje de mi música biliosa, las piernas abiertas de mi espejo negro? Conozco a los plebeyos lo bastante bien como para eyacular mis versos sobre las sábanas duras del incendio público, el fin fetal al que las sociedades remachan tridentes de oro, mientras la pedrada creativa, los mataderos, sacos vanidosos, ecografías de los ogros sapienciales, mientras el verdugo imposible ya casi ha terminado de habitar con su sudor y su fango rojizo mi Guarida, y pellizca entonces su corazón de arena y bajo la luz de la estrellas rotas canta, piensa en mí, y canta y huye, y canta como pájaro amnésico, dorado, adulador, y prístino.


-5-

Primeramente a los que sí me ignoran, a los que suspiran con la boca postrada sobre un recio revoltijo de alacranes y poetisas: a los manados e infernales, porque de ellos será el reino azul de lo caliente hipocondríaco. Pero también a los chacales y a los bondadosos con rostro de infante grosero, de hostería y polución amada: a los caóticos e inconsolables. A todos yo invito a mi Guarida.


Jesús Hinestrosa López

junio del 2010

 

Portada de Guarida

 

Título: Guarida
Autor: Jesús Hinestrosa López
Páginas: 80
Tamaño: 21 x 15 cm
ISBN: 978-84-8434-519-0
PVP: 13,50€
 
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