| La pulpa cátaros - NOVEDAD- |
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| Escrito por Aracne | |||||
OLORES, FOGATAS Y ESTIGMAS Texto de Jesús Hinestrosa López
A pesar de todas las dificultades, “La Pulpa Cátaros” es ya el sexto poemario que publico (todos ellos urdidos bajo el fanal del cuidado y la lantía del cariño de la familia Padilla); sí, a pesar de todas las dificultades, voy poco a poco dando albor a mi Obra Poética, a pesar de las dificultades económicas (afortunadamente, no me sobra el dinero), a pesar de la cruel omisión de los farsantes ideológicos (pues es bien sabido que odio por encima de todas las cosas el comunismo, y aborrezco a su hermanito que se hace el tonto, pero desgraciadamente no lo es, el socialismo), a pesar de las dificultades de mi propio orgullo, mi acero de máscaras, mi procaz malditismo de sobrias noches solitarias, mi mala uva, mi otoñal y salvaje discurso embaucador, mi sarampión barroquísimo, mi escasez de amistades bien situadas, mi alejamiento del bullicio del ocio, de premios, de alcahuetas, de baboseos, de avarientos agoreros juntandalucistas, de marionetas no-do-mantecosas, de jóvenes necios, de ancianos que desean ser jóvenes necios… Miscelánea de olores, fogatas y estigmas, “La Pulpa Cátaros”. Aproximadamente así: serpiente musical de infinitas cabezas que desuelan mis ojos a la sombra recia de los aligustres, mientras las marrullerías emplomadas del orbe picotean los frutos del sueño, las amarillas ubres del alba de las fieras y sus prístinas y cenicientas voces. Ahora ya entre mis manos, el libro no me conoce; percibo sus poemas no ya como canción de múltiples esquirlas, burlesca algarabía de carnosas tragedias violáceas, sino como un denuedo intolerable contra la vaciedad del ser; como mirar a la luna en la agonía nocherniega de la orfandad del alma (esta misma por ejemplo), cuando el martirio de lo sinsentido resulta siempre un espejo que refleja mi rostro, mi pecho, mis ganglios, mis brazos, mi furia, mi desilusión, mi hedor, mi egolatría. Escribo ahora sobre un poemario que fue un silencio extremo, un tizón expulsado del latido edénico, la maravilla infantil que todos perdimos, los exquisitos relatos de mi abuela en su eviterna mecedora inagotable; y escribo con tinieblas que ceban palabras, y escribo en la añoranza irresistible de fingidos recuerdos, y habito en mi aflicción cantando el deterioro osado del amor que también se agota, los instantes igual que descreídos puentes sin final, los versos de Juan Ramón, el cáliz sucio del vodevilesco influjo de los otros, en las tardes como avispas. Miscelánea de olores, fogatas y estigmas, “La Pulpa Cátaros”. Hogar alucinógeno: el poema nos embute en laberintos foráneos, pero nuestros; larguísimos gusanos me entran, me salen, vivos como quién, leyéndome al vivificarse la noche en heredades sin faz, en fogosidades plenas de orquídeas nonatas, al punto placenteras, lívidas y pedregosas como lava brotando del ombligo del poeta; el poema es siempre albur hereje, es don oscuro y fiel, eludido de sí, con duraderas punciones cuán íntimas, igual que el alma del poema es la caverna sin dios, el sacrificio ante la realidad que hipnotiza el sexo jamás dilucidado de las embarazadas, el unto religioso, la rata impensada que ya derrotada es el poemario, y aquel que lo publica, y aquel que lo escribe en el ayer, en el ahora, en el siempre, porque el poemario es el lugar de la feliz hostilidad del tiempo, y sus espumas vaticinan lo que yo ignoro, y sé, y pienso, y atardece y es enero. Enero de 2011
Título: La pulpa cátaros |
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