La psicología del otro PDF Imprimir E-Mail
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Hojas de crítica y pensamiento libres
Escrito por Miguel Vázquez García   
jueves, 09 de agosto de 2007
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La psicología del otro
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En la segunda parte María y Samuel hablarán específicamente del Trastorno Bipolar. En la reunión previa con el doctor Vélez Noguera nos pareció oportuno hacer una introducción acerca de las tendencias neuróticas, en la medida que su manejo terapéutico facilita ayudar a la persona a comprender la génesis (serie encadenada de hechos y causas que conducen a un resultado donde la voluntad del sujeto no participa ni explícita ni implícitamente) Decía comprender, ayudar a comprender la génesis de este trastorno que en fase maniaca se muestra expansivo, poderoso... y que en términos dinámicos equivale a la ayuda que necesita una persona que sienta que “su verdadero yo” es aquel yo-poderoso-idealizado... carente del principio de realidad, por el que siente una gran nostalgia y una atracción comparable a la de Ulises ante el canto de las Sirenas.

María hablará de los cuidados para con el cuidador. Cuando uno se siente poderoso, y en la fase maniaca la ficción de poder se siente como real, el otro preocupa como subordinado. La fe en la omnipotencia de la inteligencia, la razón... la asignación de un valor extremo a la presciencia y a la predicción, sentimientos de superioridad sobre los demás, que luego son experimentados como ridículos... y generan culpa y angustia en la fase depresiva... El desdén a reconocer ante los otros las limitaciones del poder de la propia capacidad intelectual, hablamos de delirio. Un sentimiento de fortaleza logrado con la creencia en el mágico poder de la voluntad. Una reacción de desolación (y agresión) ante cualquier posible frustración de los deseos. Los otros, íntimos y extraños a la vez, son evaluados según pueden o no pueden ser útiles a las necesidades compulsivas, irreales del momento y se convierten en amigos o enemigos incondicionales. Las cosas, los objetos, el dinero, el tabaco, las personas, los talentos propios y ajenos son evaluados de acuerdo con su valor coyuntural... podríamos decir que en la fase maniaca el yo es usurpado por la imagen idealizada con todas sus impotencias, de ahí que resulte a los ojos de los otros patético en ocasiones, porque es la literalidad de la imagen idealizada puesta al servicio del delirio: no es una imagen simbólica. Y en ese momento de máxima fragilidad merece todo nuestro respeto.

En la fase depresiva el movimiento “lejos de” proporciona la distancia de seguridad en tanto que uno se percibe como una carga para sí mismo y los otros. Las frases que envuelven contradicciones, las paradojas, el contrasentido, lo vive la persona deprimida como una agresión: “alegra esa cara”, “anímate”, “al mal tiempo buena cara”... es importante que los familiares promuevan actividades asequibles, en este caso hay que tener muy presente que los gustos del otro no son los de uno, que es muy importante no forzar situaciones. La fase depresiva es físicamente dolorosa, la persona cruza el baldío, la nada absoluta, en la que por momentos se convierte su vida, con una profunda sensación de vacío, de oquedad insondable.

Toda intervención terapéutica con una persona que presente trastorno del estado de ánimo, tiene que estar presidida por la cautela. Toda terapéutica está definida por sus usos y limitaciones, en el trastorno bipolar los usos de la psicoterapia son necesarios y muy eficaces, en la medida que ayuda a tomar conciencia del problema, es decir, a darse cuenta y a actuar consecuentemente, amortiguando de manera empática los elementos estresantes y conviniendo con el sujeto en terapia (el otro, en este caso) que el padecer un trastorno psicológico no lo convierte a uno en el trastorno, uno es más que sus limitaciones y más, mucho más que su oficio.

El corto que vamos a ver a continuación se titula Roma y pertenece a una serie de cinco, dirigidos por Jim Jarmusch y que se presenta en forma de película con el nombre de Noche en la tierra. Yo quiero pedir disculpas por si hubiera alguna persona que sienta herida su sensibilidad, y dirigirme a ella especialmente recordándole las siguientes las palabras de Karen Horney: “Las tendencias neuróticas no sólo están desprovistas de los valores humanos que imitan, sino que ni siquiera representan lo que la persona desea”. Y recordando a mi profesor de psicoanálisis, el doctor Enrique Bergón, que en paz descanse, quien fuera analista didacta en el Instituto Psicoanalítico de Nueva York, fundado por Karen Horney, nos decía frecuentemente, la bestia egocéntrica es ciega, ruge y da zarpazos. En este corto nos encontramos con el paradigma de un comportamiento maniaco, en el que el personaje, interpretado por Roberto Benigni, no se comporta voluntariamente, en sentido maniaco. Iremos viendo como unas palabras lo llevan a otras asociaciones de palabras, de forma torrencial, sin posibilidad de relacionarse empáticamente con el otro. La empatía se da en la medida que hay conciencia del otro y la necesidad de comunicación no es de naturaleza compulsiva.

Los trastornos psicológicos son causa de sufrimiento para la persona que los padece y para las personas a las que está vinculado afectivamente. Nos ha parecido relevante empezar hablando de neurosis y continuar con este corto de unos 25 min. para dar paso a mis compañeros que hablarán de un trastorno que si bien no es neurótico, su dinámica hace posible que el conocimiento de las estructuras de personalidad por parte del psicoterapeuta facilite la tarea de ayudar a quien lo padece. Muchas gracias. Vemos la película, hacemos un pequeño descanso y continuamos.


Miguel Vázquez García
Sábado, 21 de abril de 2007.



 
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